Despertares

Me gusta levantarme y tomar un buen desayuno con tostadas, aceite de oliva, ajo y tomate. Un café poco cargado, un zumo de naranja natural y algo para leer... Pero eso nunca lo hago. Solo cuando estoy de vacaciones. Y sobre todo si alguien me acompaña sumergido en un periódico y que, con el cambio de página, me roza la pierna a propósito con sonrisa que desborda malicia. Esas son las mejores mañanas, aunque fuera haga un día de perros.
Y he tenido muchas así. Y muchas otras que no han sido así.
Pero la realidad es que me levanto arañándole los minutos al reloj, con el tiempo justo para que desaparezcan las marcas de la almohada de mis mofletes y salir hacia la oficina. Esa es la verdad. Y estos últimos meses además, he tenido tiempo de lanzar miradas que me tentaban a deslizarme de nuevo bajo las sábanas, al ver como K. dormía plácidamente todo envuelto en rojo. Y si alguna vez conseguía despegar los párpados y mirarme, me sugería que llamara a la oficina diciendo que me había agarrado un mal y que no podía ir a trabajar. Y luego lanzaba sus brazos al aire como intentando cazarme al vuelo.
Hoy ha sido la última mañana, porque este niño, que me ha cuidado como ninguno, vuelve a su vida errabunda por climas más cálidos. Buen viaje, querido.
2 comentarios
IxcheL -
Saludos.
Chiquitín -