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365 Days at Peking

Ciclos

Ciclos

Dao le. Parémonos un segundo y analicemos donde tenemos los pies en este preciso instante. Si nos fijamos bien, uno se da cuenta de que siempre anda flotando en medio de algo. Básicamente en medio de varios algos. Algos multidimensionales que se entrelazan entre sí formando marañas de lana.

 

Y esos algos podríamos llamarlos ciclos que se van superponiendo unos con otros. Ciclos que se abren y que son difíciles de cerrar. Ciclos breves. Ciclos cortísimos. Ciclos que querríamos que acabaran y parece que no lo harán nunca. Ciclos que rezamos para que no se nos escapen. Miniciclos que se amontonan dentro de ciclos que se extienden en el tiempo, que se suman unos con otros y que van formando pequeñas colinas que acaban convirtiéndose en montañas y así hasta el infinito o hasta que acaba nuestro infinito finito.

 

Y yo ando metida en uno de esos ciclos que parecía que llegaba a su fin pero no y a la vez en un ciclo que se cierra y yo no quería; en un ciclo que lleva abierto demasiado y no tengo el valor de cerrar; en un ciclo en suspensión que no se sabe muy bien si empezó alguna vez; en un ciclo en clave de sol y en otro que empiezo hoy y que me asusta por la responsabilidad que conlleva.

 

Y esto de los ciclos viene por la despedida que tanto temía y también por lo que nos pasó ayer. Cosas circulares, que tienen que acabar igual que empezaron porque si no, no descansan. Como el teléfono de mi amiga P. Ella que esta misma mañana está cerrando su ciclo en Pekín (y que me cierra a mí uno también), dejándome en estado de viudedad forzosa en esta ciudad tan grande. Esta fanciulla pizpireta se me va a recorrer nuevas aventuras milyunanochescas y a continuar con su bonita historia de amor. Porque ésta es de las bonitas bonitas, de las que aguantan hasta el final a pesar de la distancia. Y por eso yo me alegro por su decisión tan valiente. Yo la voy a echar mucho de menos, pero me consuela saber que esto es solo un punto y seguido en nuestras andanzas, que aun nos quedan muchas páginas por escribir.

 

A dos días de su marcha definitiva, el teléfono de P. cayó al suelo y ya no volvió a encender. Ayer llegué a su casa convencida de que se lo podía arreglar. Básicamente a golpes, como hago últimamente con este cacharro desde el que escribo y que me deja en la estacada cuando más lo necesito. Pero los golpes no surtieron efecto. Y pensé en las corrientes circulares en el tiempo. Pregunté a P. cómo había ocurrido todo exactamente. Así que coloqué el teléfono al filo de la mesa de la cocina y lo empujé levemente con el dedo. Volvió a caer y al probar a encenderlo, esta vez, funcionó. Cosa de ciclos.

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5 comentarios

Qalamana -

Yo ando en un nuevo ciclo, que tampoco me apetecía haber abierto pero una vez en él tampoco estoy tan a disgusto...
Las despedidas no me gustan un pelo, pero al menos quedan los recuerdos y las experiencias vividas, no?
Besotes!

moli -

Maliya,de mi ciclo no salgas.Me uno al ole,ole,ole de Yining.Otra fantastica.
P. q se te echa de menos. Abre el blog pa q me haga adicta.Guapa!

yining -

olé olé y olé
eres fantástica maliya
millones de besos y hasta el sábado preciosa

Chiquitín -

Eres una crack. Te echo mucho, mucho de menos. Muaaa

Papo -

Pues con esto de la hija, según pasan los días, ya no sabes si estás en un triciclo, o en un ciclón. Ya dijo el corredor que la vida es como una caja de bombones, aunque a veces se parece más a una bomba de cojones. Un besazo y ¡Mucho ánimo con vuestro ciclo!
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