Llevaba más de veinte años preso, cuando la descubrió.La saludó con la mano, desde la ventana de su celda, y ella le respondió desde la ventana de su casa.Después, le habló con trapos de colores y con letras grandes. Las letras formaban palabras que ella leía con largavistas. Ella contestaba con letras más grandes, porque él no tenía largavistas.Y así les creció el amor.Ahora Nela y el Negro Viña se sientan espalda contra espalda. Si uno se va, el otro se cae.Ellos venden vino frente a las ruinas de la cárcel de Punta Carretas, en Montevideo.
Las Palabras Andantes - Eduardo Galeano -