

Eres como ese último cigarrillo que no debería fumar,
como esa última copa que no debía haber bebido.
Y aun a sabiendas del desazón venidero,
de esa resaca amarga que me encontrará
con los primeros rayos de sol,
no puedo evitar chasquear mi encendedor
y aspirar con éxtasis el humo.
Como tampoco pongo freno a remover los hielos
y verterlos en mi garganta de madrugada.
Mi narcótico amor.
Que provocas en mí tantos placeres lesivos
que debo administrarte en pequeñas dosis
y concienciarme en ponerte fin en algún momento.
Autor: chan
Fecha: 28/04/2008 00:14.