

Porque en eso se ha resumido nuestro fin de semana
en Chengdu. Dieciocho horas de conversación
ininterrumpida que nos hacen ver que las cosas
tienen más sentido si se dicen en voz alta.
Conversaciones que comienzan en el desayuno y
acaban de madrugada en el mismo lugar con unas
copas de vino local.
Dieciocho horas de individualidad, idealización,
insatisfacciones, exaltación, oportunidades,
coordinación, paralelismos, huidas, reencuentros,
decepciones y pasa el tiempo... tranquilidad, azar,
destino, esperanza, esperas, indecisiones, sexo,
amor, odio, olvido, indiferencia, melancolía.
Respiramos, sonreimos y nos miramos con la
consciencia de que se nos abrió una puerta y no
escuchamos el portazo de la que teníamos detrás.
Entre medio, conducir un taxi por las calles de la ciudad, pandas, paseos y almuerzo eterno en un restaurante cualquiera.
Autor: ines_yining
Fecha: 13/11/2006 13:23.
Autor: Qalamana
Fecha: 13/11/2006 17:56.