

Y volvió a pasar, lo de los superpoderes que uno adquiere cuando llega a China, como explicaba mi amigo I. hace algún tiempo. Salir de la oficina tarde para cualquier día, embutida en medias térmicas, abrigo a prueba de aludes, gorro de pura lana acrílica, guantes que no me permiten marcar las teclas de mi teléfono, bufanda enrrollada desde el cuello a los ojos y el casco de la moto.
Volviendo a casa nos encontramos con un control que nos obligó a parar. El hombrecillo no tenía cara de estar pasando una buena noche, movía las manos y emitía sonidos que no alcanzábamos a entender. Para oirle mejor nos levantamos las viseras del casco y al ver nuestras caras de laowais (occidentales) esbozó una sonrisa y amablemente nos invitó a continuar nuestro camino. Tras arrancar de nuevo me giré y le dediqué uno de mis mejores saludos, como cuando uno saluda al tren a su paso. C. diría que lo nuestro es poder de persuasión, yo más bien creo que en realidad somos invisibles.
Autor: Mr. I
Fecha: 12/01/2008 11:17.
Autor: C.
Fecha: 15/01/2008 18:44.